viernes, 26 de septiembre de 2014

BATALLA CARNAL

BATALLA CARNAL
(Noveno legado)

Y el interruptor mató la luz de aquella extraña habitación. El silencio, arraigó en cada pedazo del cuarto de forma sepulcral. Un baile de tentativas caricias buscaba en el aire la conquista de un templo carnal. La torpeza de los ciegos hacía crecer la tensión entre los amantes desconocidos. No acertaban a quererse por muchos días que hubiesen compartido en el pasado. Mas aquella tarde en el parque, sus labios fundieron la pasión y la lujuria en un eterno gesto imborrable grabado en sus olvidadizas memorias. Impacientes, subieron las escaleras de aquel viejo edificio que se convertiría sin quererlo en cómplice de sus pecados. Las prisas les ató las manos y la impaciencia les hizo torpes que compartían sonrisas nerviosas ante la inverosímil situación de sus cuerpos. Ambos sabían que jamás volverían a ser amigos una vez salieran de aquella habitación. Pero era tal el deseo acumulado que a ninguno de los dos les preocupo el tenerse como enemigos. La ropa llovió mojando cada rincón de la habitación y en un suspiro, presentaron sus almas en un abrazo lento y dulce. Y al encontrar la oscuridad, sus manos se hicieron viejas conocidas, y sus besos fueron el reencuentro con  antiguos amigos de la infancia y sus caricias, eran las soñadas en noches de soledad y autoconsuelo. La luz de las desahogadas miradas comenzó a iluminar aquel juego cómplice y la cordura fue víctima de la pasión.

Y por fin, tu piel fue mi piel, tus labios fueron mis labios y mi sentido decidió huir de mí en silencio. Sin querer perder ni un minuto, detuve el tiempo entre tus brazos. Cada suspiro era vida para mis latidos y cada roce, era desesperación para mi cordura. Tus gemidos acompasados eran la melodía que me empujaban a bailar entre las sábanas. El sudor lubricaba nuestras caricias entregadas que tímidamente ofrecían sin querer la declaración que tan secretamente habíamos soportado desde el día en el que nos conocimos.

 Y por fin, tu amor se mostró sin tapujos, pero no era momento para los te quiero. Presos de nuestros silencios, los dos sabíamos que el fuego debía extinguirse entre las sábanas. Ni tú ni yo sabíamos que pasaría después, pero en aquel instante, no pensábamos en el mañana y simplemente, nos esforzamos por exprimir el presente. Aunque éramos conscientes de que no habría mañana.

Y los suspiros se hicieron infinitos en mi memoria, y efímeros en nuestra historia. ¿continuará?. Por ahora, me desvivo por los recuerdos, mientras muero en la rutina.
       
  FIRMADO “X”.


Y hoy quiero que suene el eco de dos latidos desbocados, que sin quererlo, acompasan sus melodías, siendo conscientes de que pronto, han de romper la batuta.

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